Verificado


Plaza Vázquez de Molina s/n, Úbeda
Plaza Vázquez de Molina s/n Úbeda

(SS. XIII – XIX, Bien de Interés Cultural)

La lglesia Mayor Parroquial de Santa María de los Reales Alcázares constituye la más significativa superposición de estilos arquitectónicos de la ciudad, con una gran complejidad histórica y artística y una imagen exterior sólida y de fortaleza defensiva.

Asentada sobre un subsuelo arqueológico de la Edad del Cobre, y con mínimas diferencias ocupando el emplazamiento de la antigua mezquita mayor de la ciudad, la tradición dice que en el mismo sitio los romanos tuvieron un templo dedicado a Diana. Tras la conquista de la ciudad en 1233 por el rey cristiano Fernando III el Santo, la entonces mezquita fue transformada al culto católico bajo la advocación de lglesia Mayor Parroquial de los Reales Alcázares y de Nuestra Señora de la Asunción. Desde 1259 fue titulada lglesia Mayor Colegial y desde 1852 ostenta el título de lglesia Mayor Parroquial. lglesia principal de la ciudad, durante siglos ha conservado un importante archivo y multitud de obras de arte, fruto de donaciones y de numerosos privilegios concedidos por papas, reyes y obispos.

Con una imagen exterior entre medieval y clasicista, adosada al primitivo muro del alcázar, Santa María ha sido la iglesia que históricamente más movimiento y ajetreo ha tenido de toda la ciudad, y aún hoy sigue ofreciendo para el ciudadano de Úbeda una atracción especial que le viene dada por su fuerte carácter histórico y el grado de identificación conseguido con la ciudad y sus habitantes, al albergar desde los meses de mayo a septiembre a la Virgen de Guadalupe, patrona de la ciudad.

La planta

Sin una tipología de planta unitaria, lo que domina es una sensación de añadidos que le han dado un aspecto de conjunto desigual, resultado de un larguísimo proceso de construcción que abarca desde los siglos XIV al XIX. Aunque, en conjunto, resulta una extraña tipología nada convencional, salvando los elementos arquitectónicos, el espacio interior se correspondería con una mezquita en la que el claustro sería el patio de abluciones y las naves del templo el iwán. Estamos ante un auténtico y recóndito espacio sagrado, calificable de macrocósmico por la complejidad de añadidos y significaciones.

El exterior

Rodear por completo el exterior de Santa María puede ser, por sí solo, un interesante itinerario de arquitectura y urbanismo. Hacia la plaza Vázquez de Molina el templo presenta un perfil constructivo uniforme, dado por una gran pantalla arquitectónica del siglo XVII, a base de diez pilastras de orden gigante sobre basamento y pedestales resaltados que la van estructurando en tramos, así como por una tribuna o balconada corrida con clasicistas pináculos, dos ventanales neogóticos cegados y dos espadañas del siglo XIX, con cuatro campaniles cada una y las esculturas en piedra de la Virgen de Guadalupe y San Lorenzo. Hacia el Arroyo de Santa María y el barrio del Alcázar se entrevén recios muros, casas populares adosadas, restos de una barbacana y el entramado de calles del barrio medieval. Hasta el siglo XVII, al construirse las actuales portadas, el exterior del templo estaba configurado por la muralla que cerraba el barrio del Alcázar.

Las portadas

Tres son las portadas de Santa María: dos del siglo XVII, tardorrenacentistas, y una sencilla portada plateresca, procedente de la iglesia de Santo Domingo, que da paso a la Casa Rectoral.

La clasicista portada mayor, frontal al palacio Vázquez de Molina, siguiendo modelos netamente renacentistas de Andrés de Vandelvira, responde a un esquema de arco de triunfo con columnas pareadas. De esta portada destaca el relieve de la Adoración de los Pastores, basado en un grabado sobre un dibujo de Zuccaro, que es obra del escultor local Luis de Zayas.

La portada de levante o de La Consolada, frontal a la torre del palacio del Marqués de Mancera, también de carácter clasicista, está enmarcada por columnas exentas y aparece presidida por dos escudos obispales de don Sancho Dávila y hornacina central con la imagen de la Virgen. Con el tiempo se ha convertido en una puerta emblemática y simbólica, por ser desde donde hace su salida al amanecer del Viernes Santo Nuestro Padre Jesús Nazareno.

El claustro

Obra gótica de finales del siglo XV y principios del XVI, ocupa total o parcialmente el lugar donde estuvo el patio de la mezquita. Recorrerlo pausadamente constituye un foco de sorpresa y de atracción para el visitante, que sin necesidad de mucha imaginación fácilmente se puede transportar a otros siglos, gracias a la profunda ambientación medievalista y de mezcolanza que le viene dada por la irregularidad de su trazado y configuración arquitectónica. Sorprendentes son las capillas que lo rodean, de relativamente bajas y cobijadoras bóvedas de crucería, como la de Nuestra Señora de las Nieves, también llamada de las Bolas, por esta decoración pétrea del arco del altar, o la de los Toreros, con magistral rejería del siglo XVI del maestro Bartolomé y Ecce Homo en piedra del siglo XVII.

Es todo un conjunto sugerente, de valores ornamentales, didácticos, históricos y estéticos, que le vienen dados además por los azulejos de los pilares, por la heráldica pétrea con restos de antigua policromía, por la tosca virgen de piedra situada frente a la entrada principal, por la escenificación monstruosa sexual y pecaminosa de la decoración escultórica de los capiteles, así como por el antiguo portillo de sobria y simplista traza románica, con el escudo de Castilla y León, que durante mucho tiempo fue la entrada a la mezquita y la entrada principal a la iglesia, y por el que según la tradición entró el rey Fernando III el Santo tras la conquista de la ciudad en 1233.

El interior

La tremenda dimensionalidad del interior de la colegiata destaca respecto al resto de las iglesias de la ciudad. Consta de cinco naves de igual altura, separadas por pilares y arcos ojivales, tres espaciosas, las centrales, y dos laterales, a las que se abren un elevadísimo conjunto de capillas, casi todas de un gótico tardío de finales del siglo XV o principios del siglo XVI. El templo bien puede definirse como de aspecto extenso, luminoso y goticista.

De las iglesias de la ciudad asentadas sobre mezquitas, únicamente la iglesia de Santa María conserva en el juego espacial y en la ubicación de los soportes de las cinco naves un cierto aire de la disposición de las naves de la mezquita, que tras un rápido vistazo no pasa inadvertido.

De las treinta y dos capillas que se constataban en el siglo XVII en el interior de la iglesia y claustro sin contar la mayor, sólo se conservan dieciséis. Las capillas, lugar de enterramiento de obispos y de las familias nobiliarias de la ciudad, tipológicamente responden a una portada gótica o renacentista con interiores lujosos y artísticos de rancia antigüedad, conservando algunas de las muestras más excelentes de la rejería religiosa andaluza.

La Capilla Mayor está ubicada según la tradición donde se dijo la primera misa tras la conquista de la ciudad. Después de sufrir enormes transformaciones a lo largo de los siglos, actualmente sobre la pared del testero está adosada una de las portadas góticas del desaparecido coro central, en la que está colocada una llamativa escultura de Cristo crucificado, de arqueada contorsión corporal, obra que probablemente responde al siglo XV.

La Capilla de los Sabater, colateral al altar mayor, en la nave de la epístola, consta de una clásica portada renacentista del siglo XVII con reja. La Capilla de los Becerra es la primera del lado de la epístola. Con portada gótica en arco apuntado y bóveda de crucería, es una capilla profusamente decorada, a la que cierra una magnífica reja en la que se representa la Asunción de María rodeada de ángeles, el escudo con las armas del fundador y pájaros exóticos enfrentados. La Capilla del Cristo Yacente, la segunda del lado de la epístola, tiene bóveda de crucería y portada semejante a la de la capilla mayor, obra probable del siglo XVI. A lo largo de los siglos fue dependencia para guardar la platería del templo y otros objetos sagrados.

En el tercer lugar del lado de la epístola se encuentra una antigua capilla, que fue conocida, entre otros nombres, como de la Merced. La portada, construcción probable del siglo XV, es el único elemento originario que ha permanecido. Alberga la sacristía y la sala capitular. La Capilla del Cristo de la Caída, cuarta del lado de la epístola, fue fundada y edificada por el chantre don Pedro González de la Cueva bajo la advocación de San Gregorio y San Juan de Letrán. Reducida en la actualidad a su estructura arquitectónica, es ejemplo del gótico final con un arco apuntado y abocinado en la entrada y en el interior bóveda de nervaduras estrellada. La Capilla del Cristo de Medinaceli es la última del lado de la epístola. De la obra primitiva solamente se conserva la portada de arco de medio punto. La reja fue realizada por artesanos locales a principios de los años sesenta del siglo XX.

La Capilla Bautismal se encuentra a los pies del templo en el lado de la epístola. De portada con arco apuntado abocinado, se cubre con bóveda de terceletes de florones lisos. Alberga una pila bautismal de mármol blanco del siglo XVI. La Capilla de la Yedra, situada a los pies del templo, tiene una entrada en arco ojival y columnas espirales adosadas. La reja es obra del maestro Bartolomé, excelente rejero jiennense del siglo XVI. Bien conservada en su policromía, sobresale la crestería y el abrazo de San Joaquín y Santa Ana de la sobrepuerta. La Capilla del Santo Entierro, ubicada a los pies del templo en la nave del evangelio, y adosada al primitivo muro del alcázar, es una construcción del siglo XVI que ha sido conocida como Cuarto del Tesorero y Capilla de los Carvajales.

La Capilla Bautismal, tercera del lado del evangelio, fue fundada por el canónigo Sebastián de Magaña a principios del siglo XVI. Es la única capilla del templo que presenta dos portadas: una al interior y otra al claustro. En el interior conserva una excelente pila bautismal, obra gótico-mudéjar del siglo XV en piedra caliza. La Capilla de San Sebastián es la segunda del lado del evangelio. Obra posiblemente del siglo XVI, tiene sencillísima portada con arco apuntado y está cerrada por reja de madera. La Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, primera de la nave del evangelio, quedó unida en el siglo XX a la Capilla de las Bolas y a la de Cameros, formando un espacio diferenciado por la altura y traza de las bóvedas. La portada se cierra con una sencilla reja del maestro Bartolomé. La Capilla de Jesús Nazareno presenta portada ojival de finales del gótico y reja del siglo XIX. La imagen titular es obra de 1940 del escultor Jacinto Higueras.

La ambientación y riqueza patrimonial del templo, que ha sufrido sensibles pérdidas con el paso de los siglos, mantiene numerosas piezas artísticas de orfebrería; las rejas de las capillas, mayoritariamente del siglo XVI, son obras cumbres del arte español; durante siglos el templo ha ido acumulando obras pictóricas, tanto de la escuela italiana, entre las que destacan la Virgen de Belén, del retablo de la capilla de los Sabater, como de la escuela española, de la que son buenos ejemplos una lnmaculada de la escuela de Alonso Cano o una Piedad de Bocanegra; del siglo XV es una pila bautismal, gótico- mudéjar, y del XVI otra en mármol blanco; de entre la abundante imaginería sobresalen un Cristo crucificado de cuatro clavos del siglo XV y un Cristo caído del siglo XX de Mariano Benlliure.

La iglesia de Santa María de los Reales Alcázares fue declarada Monumento Arquitectónico Histórico Nacional en 1926.