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Plaza Vázquez de Molina, Úbeda
Plaza Vázquez de Molina Úbeda

Adentrarse en la Plaza Vázquez de Molina, también llamada de Santa María, por cualquiera de sus calles de acceso, constituye, cuanto menos, una exhibición espacial y arquitectónica inesperada para el visitante. Quien haya comenzado su visita adentrándose desde la ciudad moderna hacia el centro histórico se irá encontrando progresivamente con una estructura urbana medieval quebradiza, que inesperadamente queda rota por esta imponente plaza, perpetuada por la simbología de su dimensionalidad y la fuerza histórico-artística de sus edificaciones.

Con probabilidad, la más sorprendente perspectiva de esta grande y lineal plaza se aprecia desde el recodo de la calle Juan Montilla, esquina con el palacio Juan Vázquez de Molina, pero igualmente interesantes son las visiones desde cada una de las calles que la bordean. No obstante la plaza, de amplias proporciones, abierta, con numerosos puntos de vista, contiene una idea referencial y visual que nos reconduce obligatoriamente hacia la Sacra Capilla funeraria de El Salvador del Mundo.

En el interior de esta explanada se conforman dos grandes ámbitos trapezoidales: uno, el de la Sacra Capilla de El Salvador con el palacio del Deán Ortega, y el otro el de la colegiata de Santa María con el palacio de Juan Vázquez de Molina; así como cinco microespacios delante de cada una de las edificaciones más emblemáticas.

– El espacio ajardinado delante de la fachada principal de Santa María.
– La explanada de delante del palacio Juan Vázquez de Molina.
– El jardín medial con fuente renacentista entre el Hogar del Jubilado y el antiguo Pósito.
– La plazoleta arbolada entre Santa María, los juzgados y el palacio del Marqués de Mancera.
– La explanada de la capilla del Salvador y el palacio del Deán Ortega.

Esta plaza, desde su origen bajo una concepción renacentista y una dialéctica entre el cristianismo, el mundo antiguo y la autoafirmación del linaje, se presenta en su globalidad como uno de los mejores ejemplos de urbanismo renacentista de Europa, con un conjunto de edificaciones religiosas y civiles de carácter unitario que marcan el ritmo de unas relaciones de prestigio y de poder a través del espacio. Junto a los otros dos grandes polos de la ciudad, la medieval Plaza del Mercado y la Plaza de Toledo –ambas recualificadas durante el quinientos y de carácter eminentemente mercantil y municipal–, la Plaza Vázquez de Molina se nos presenta como un tercer polo que complejiza la organización urbana: se trata del nuevo recinto del poder y la concreción espacial y formal de la aristocracia política y económica que se configura durante la etapa renacentista. En este sentido, anula y sustituye al viejo y agotado espacio, emblema de los señores medievales, del núcleo del Alcázar, que, despojado de sus antiguas funciones y contenidos, paulatinamente se vacía de pobladores y se degrada materialmente.

Planimétricamente y en alzado, estamos ante una plaza de resonancias italianas, única en Andalucía. Una plaza de concepción urbana y humanista a la manera italiana, y sin embargo físicamente al límite de la ciudad; arrogante, a medio paso de la ciudad de los palacios, la ciudad medieval y la ciudad de los miradores, que alcanza una máxima confluencia de público durante la Semana Santa, cuando el ciudadano de Úbeda la aborda para contemplar las salidas procesionales.