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Plaza Vázquez de Molina s/n, Úbeda
Plaza Vázquez de Molina s/n Úbeda

(S. XVI, Propuesta de Bien de Interés Cultural)

Este palacio, de mediados del siglo XVI, fue ordenado construir por don Fernando Ortega, primer capellán mayor de la Sacra Capilla Funeraria de El Salvador. De varios documentos notariales se desprende que el autor de las trazas de esta fábrica fue, sin duda, Andrés de Vandelvira. Parador Nacional de Turismo desde 1930, es uno de los primeros de España.

Apegado a la Sacra Capilla del Salvador, capilla y palacio casi juntos, conforman entre ambos un peculiar juego espacial y arquitectónico entre una de las torretas y tribunas de la iglesia y la recortada esquina de la fachada del Parador, con el característico y ubetense balcón en esquina. Característica española es situar cercana a la iglesia la casa eclesiástica, en este caso una iglesia funeraria para el secretario del emperador Carlos V, de complejidad decorativa y simbólica extrema, que contrasta con la rancia austeridad hispánica de esta casa del eclesiástico e, incluso, con el propio palacio del promotor de esta iglesia, de sobriedad castellana extrema, en la calle Francisco de los Cobos, a un paso del templo y de esta plaza.

La planta

Esquemáticamente responde a una planta casi rectangular y, al igual que las numerosas grandes casas señoriales y palacios ubetenses del siglo XVI, la vivienda se organiza en torno a un patio central columnado.

La fachada

De concepción horizontal, con un pronunciado zócalo y dos cuerpos en altura, exteriormente el palacio transmite un aspecto de austeridad castellana, pero sobre todo, intuyendo ya el paso del siglo XVI al XVII, constituye una interpretación personal del mundo clásico enraizado con lo hispano.

La portada principal, sobre escalinata, adintelada, y algo desplazada en línea de fachada, sigue el esquema de otros palacios y grandes casas de la ciudad renacentista, y así, aparece custodiada por dos columnas dóricas sobre pedestales y rematada sobriamente por dos ángeles que sostienen sobre filacteria las armas del deán Ortega.

De la fachada merecen destacarse las anillas para atadero de caballos del zócalo; la estudiada simetría en el ritmo y tamaño de los vanos: escuetos en el zócalo, coronados con frontón triangular clásico en el primer cuerpo y los balcones rematados por pequeña cornisa y frontón curvo abierto del segundo cuerpo; la pronunciada y volada cornisa con decoración de clásicas ovas; y, por supuesto, los peculiares balcones en las esquinas de la fachada con mainel de mármol blanco.

Aunque es ante la lineal y horizontal fachada principal de la plaza Vázquez de Molina en la que el visitante se suele detener, en la fachada este, en recodo, con hermosa puerta hacia la plazoleta del Padre Antonio e idéntica composición a la principal, es interesante echarle un vistazo a los ventanales del cuerpo inferior, que mantienen su traza original, lo que nos permitirá hacernos una idea de lo que fueron las verdaderas dimensiones de los vanos de la fachada principal del palacio.

El patio

Intimista y reducido, en este patio porticado a dos alturas y acertadamente ambientado seguramente se encuentran las columnas marmóreas de mayor y más extraordinaria fragilidad modular de toda la ciudad, lo que las enraíza con el arte nazarí. Austero, frágil y sin pretensiones nobiliarias, en las enjutas de los arcos, sin los autoafirmantes escudos de armas, sólo aparecen unos sencillos relieves pétreos de espejos.