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Plaza Vázquez de Molina s/n, Úbeda
Plaza Vázquez de Molina s/n Úbeda
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(S. XVI, Bien de Interés Cultural)

Exento en sus cuatro costados, construido hacia la mitad del siglo XVI, es un punto estratégico de la ciudad. Frontal a la vieja colegiata de Santa María y en línea con la iglesia funeraria del Salvador, su construcción vino a reforzar la Plaza Vázquez de Molina, considerada uno de los espacios más singulares del Renacimiento español.

Este palacio, conocido popularmente como de las Cadenas, cuyo promotor fue Juan Vázquez de Molina, sobrino de Francisco de los Cobos y, al igual que él, secretario de estado de Carlos V y de Felipe II, y que no llegó ni siquiera a habitar, es en el mismo siglo XVI remodelado y adaptado para monasterio de madres dominicas. De su fastuosidad ambiental originaria aún mantiene piezas como las pinturas murales de lo que fue Sala Capitular del convento, de 1595, la rejería de la fachada principal, de 1546, y en el tercer cuerpo un magnífico artesonado, siguiendo usos y gustos mudéjares, que ocupa todo el cuerpo superior sin compartimentaciones.

Indudable obra clásica con similitudes italianas, este palacio es, sin temor a dudas, la pieza de arquitectura civil palaciega del siglo XVI más representativa en su género de toda la ciudad. Con este palacio su autor, Andrés de Vandelvira, logra la obra más clásica de toda su trayectoria estilística y tal vez de todo el Renacimiento andaluz.

La planta

Con un esquema similar a los palacios y grandes casas del siglo XVI en España, tipológicamente responde a una planta cuadrada con patio interior porticado, columnado, con arcos de medio punto y dos plantas en altura. Siguiendo el modelo de “casa romana” y en general mediterránea, el patio estructura la ordenación interna de las dependencias. No obstante, frente a la tónica general de patio central, en este caso queda desplazado considerablemente en planta en base a solucionar el espacio ocupado por la escalera principal.

Se trata de un palacio con dos fachadas: una la del Ayuntamiento, con tintes clasicistas, de los años 40 del siglo XX, con acceso desde lo que fue el antiguo huerto del palacio, hoy plaza del Ayuntamiento; y la otra la portada principal de acceso al palacio por la renacentista plaza de Vázquez de Molina.

La fachada principal

De gran magnitud, responde formalmente a un planteamiento orgánicamente estructurado en tres cuerpos, con una ordenación horizontal de tres plantas y zócalo y vertical de siete calles de diferente anchura. Desde los extremos, los tramos de la fachada van sucesivamente disminuyendo en anchura hasta llegar al tramo central, que vuelve a ser más ancho, consiguiendo un efecto óptico de simetría así como de solidez de la edificación.

Equilibrio, planitud, geometría, linealidad de los diferentes planos en horizontal y vertical y el juego dimensional de vanos, confeccionan una fachada en la que es destacable la planta noble, constituida por siete proporcionados balcones rematados por frontones; los siete ojos de buey y ocho guerreros y madonnas portadores de la heráldica familiar de cada una de las calles del cuerpo alto; o las linternas de las esquinas del edificio, elemento ornamental en forma de tholoi clásico que ayudan a dar mayor firmeza y esbeltez a la construcción. Un valor añadido anecdótico y atractivo sobre la fachada del palacio son los denominados “vítores”, graffitis de la época que, referidos a hechos conmemorativos, personajes o críticas, ofrecen una visión global de uso y paso del tiempo.

En conjunto la fachada, de clara ascendencia italiana y diseño clásico, es un fiel trasunto de un diseño de casa romana dado a conocer en 1511 por fray Giocondo de Verona. Resulta chocante y al mismo tiempo original la inversión de los órdenes arquitectónicos establecidos. Vandelvira, en un alarde de libertad, sitúa el corintio en la pilastra del primer piso, el jónico en el segundo y en la tercera planta figuras antropomorfas.

El patio

Eje desde el que se organiza la vivienda, al igual que el resto de los patios palaciegos de la ciudad, presenta unos rasgos comunes entre los que no faltan la fuente central ni la reiterativa y autoafirmante heráldica familiar en las enjutas de los arcos. Al igual que en el resto de los palacios de la ciudad, las columnas son extraordinariamente esbeltas, siguiendo lo que se ha denominado el “módulo andaluz”, claramente influenciado por el arte nazarí.

Este patio presenta una singular nota de italianismo que no aparece en ningún otro edificio de la comarca. La galería columnada del piso bajo –en clave cuatrocentista– se cubre con bóvedas de arista, y en los muros se desarrolla una sucesión continua de arcos ciegos. Asimismo, un originalísimo juego de bicromía pétrea y encalada realza a este patio, efecto que es conseguido a través de la pétrea y marmórea fuente central, con las columnas de mármol blanco de Génova sobre las que descansan los arcos, y a través de la conjunción de arcadas ciegas y bóvedas blanqueadas, lo que presta al edificio una acusada semejanza con otros de la Florencia renacentista.

El zaguán del palacio se reconvirtió, en el mismo siglo XVI, en una capilla de una sola nave cubierta por bóveda rebajada, con cripta en la cabecera y coro alto a los pies.

Hoy este palacio alberga el Ayuntamiento y el Archivo Histórico de la ciudad. Fue declarado Monumento Arquitectónico Histórico Nacional en 1931.