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Plaza de Santa Clara s/n, Úbeda, Úbeda
Plaza de Santa Clara s/n, Úbeda Úbeda

(SS. XIII – XVIII, Bien de Interés Cultural)

Es un edificio de grandes dimensiones que da a tres plazas: Álvaro de Torres, San Pedro y Santa Clara. En esta última se sitúan las portadas de entrada. Fundado tras la conquista cristiana, antes de 1290, es el primer convento de franciscanas de Andalucía y el primero de religiosas que se instala en la ciudad. La Reina Católica se hospedó en él a su paso por la ciudad en 1489, camino del sitio de Baza. En recuerdo de esta visita aún se denomina “palacio” a la zona ocupada por la reina y su séquito.

A lo largo del tiempo ha sufrido numerosas ampliaciones y remodelaciones, lo que hace del monumento un auténtico mosaico de estilos que ponen de manifiesto su destacado pasado histórico. En el siglo XVI se reconstruye gran parte del claustro, el coro alto y las bóvedas de la iglesia.

El exterior

El exterior es del siglo XVIII. La portada principal, de estilo barroco clasicista con resonancias renacentistas, presenta arco de medio punto con pilastras laterales sobre plinto con decoración geométrica. El entablamento presenta un friso de triglifos y metopas, sobre el que se abre una pequeña hornacina con la imagen de Santa Clara coronada por frontón. A los lados presenta dos escudos de la orden franciscana. Otra portada más modesta, la de acceso al torno, como la anterior de 1779, presenta frontón partido con el escudo de la orden en su tímpano.

Pasada la portada principal se accede a un pequeño patio, en el que se abre la puerta de la iglesia, que es de estilo gótico-mudéjar del siglo XIII. Es el mejor ejemplo que queda en la ciudad de este estilo. Presenta una combinación de arcos polilobulados de tradición árabe y arcos abocinados apuntados cristianos, junto a una ornamentación abstracta de punta de diamante y dientes.

El interior

El edificio se articula en torno a dos claustros, uno más pequeño, de estilo mudéjar con reminiscencias tardorrománicas, y otro mayor reconstruido a partir del siglo XVI, con arcos de medio punto en su primera planta y galerías adinteladas con columnas sobre zapatas en la segunda. Alrededor de ambos claustros se distribuyen las distintas dependencias para la vida conventual, la iglesia y un gran espacio destinado a huerto.

La iglesia se remodela a lo largo del siglo XVI, abriéndose en uno de sus muros una gran capilla de estilo gótico que pasó a ser el nuevo presbiterio. Está separado de la nave por un gran arco toral. La nave, de planta casi cuadrada, se plantea en base a cuatro grandes columnas que originan tres naves de tres tramos, cubiertas en el siglo XVII por falsas bóvedas encamonadas.

El coro alto está separado por una interesante celosía de madera policromada. Presenta cúpula central de casetones sostenida por dos bóvedas de horno laterales. En él se conserva una pintura mural de San Blas del siglo XVI y una elegante sillería del mismo siglo. En el coro bajo existe un buen cuadro de San Vicente de Alcántara. Este coro comunica con el claustro por una magnifica puerta de cuarterones decorada con taracea. Otro espacio destacable de su interior es el palacio, que comprende una sala de planta rectangular cubierta por un magnífico artesonado policromado.

Conserva este convento interesantes piezas de patrimonio mueble: pinturas –entre las que destacan tres grandes lienzos de temática pasional–, orfebrería, relicarios y una valiosísima colección de Niños Jesús, habitual en los conventos de religiosas.

Actualmente el convento alberga una pequeña comunidad de monjas que mantiene clausura papal. Están especializadas en la repostería, entre la que cabe destacar los roscos de Santa Clara, que se pueden adquirir a través del torno del convento. El edificio fue declarado Monumento Arquitectónico Histórico Nacional en 1979.