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Plaza de San Lorenzo s/n, Úbeda
Plaza de San Lorenzo s/n Úbeda
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(S. XVI, Bien de Interés Cultural)

Monumento Arquitectónico Histórico Nacional desde 1921, fue edificada sobre el solar de la vivienda de don Ruy López Dávalos (1428), personaje perteneciente a una alta nobleza que había sido Gran Condestable de Castilla. La mandó construir don Andrés Dávalos de la Cueva, comendador de la Orden de Santiago y regidor de la ciudad. Se edificó en las dos primeras décadas del siglo XVI, siendo la primera gran mansión palaciega de la ciudad. De estilo plateresco, es exponente de una época de transición en la que se sintetizan elementos ideológicos y estilísticos a caballo entre dos periodos –el medieval y el renacentista–, cargada de un simbolismo nobiliario con elementos retardatarios góticos junto a un incipiente uso del lenguaje clásico renacentista.

El exterior

La fachada aparece flanqueada por dos grandes torres cúbicas, que le dan aspecto de fortaleza, al mismo tiempo que actúan como símbolos de prestigio nobiliario. Está concebida a modo de gran telón ornamental y aparece dividida en tres cuerpos: en el primero se abre la puerta, con arco de medio punto con dovelaje de gran tamaño de tipo castellano. En las enjutas aparecen dos bustos rodeados de corona de laurel, uno masculino y otro femenino, que son un motivo ornamental renacentista cuya función simbólica era alejar los seres o espíritus malignos, guardando así la entrada de la casa. Dos columnas anilladas remarcan la portada. En los extremos y parte central de la fachada aparece decoración de conchas que aluden a la pertenencia del fundador a la orden santiaguista.

Un entablamento con friso de grutesco da paso al segundo cuerpo, centrado por frontón semicircular que alberga el escudo de los Dávalos y Orozco sostenido por dos salvajes encadenados, como vemos en otros palacios platerescos. Se representan dos ángeles que tocan las trompetas de la fama. A los lados tenemos dos ventanas bíforas con columnas abalaustradas coronadas por dobles conchas, elemento que igualmente es constante en otros palacios platerescos de la ciudad. También aparecen relieves de cornucopias o cuernos de la abundancia, símbolo de la fortuna, y en la parte derecha águilas enfrentadas, alegoría de la inmortalidad del linaje.

El tercer cuerpo está compuesto por un gran frontón triangular que acoge las armas de la familia. A ambos lados pueden verse dos ventanas de arco deprimido entre columnillas y sobre dos pequeños frontones semicirculares, en cuyo interior avenerado se encuentra la efigie de un Santiago peregrino a la izquierda y un busto femenino a la derecha. En la parte superior, sobre un friso corrido de grutescos y mascarones, se alza una cornisa volada, base de la impresionante crestería que junto con las gárgolas es un resabio gótico. En su conjunto, la fachada presenta una abigarrada ornamentación, desordenada y acumulativa, que es expresión y exaltación de un linaje, y que aparece cargada de simbolismos y representaciones heráldicas de origen caballeresco.

El interior

Interiormente ha sufrido grandes remodelaciones, conservándose el patio originario, uno de los primeros renacentistas construidos en la ciudad. Es de planta cuadrada, con doble galería de arcos de medio punto ligeramente peraltados sobre esbeltas columnas marmóreas de orden corintio. En el piso superior se alternan tondos clásicos con escudos nobiliarios situados en la parte central de cada paño. Los tondos o adornos circulares cobijan en su interior bustos: once masculinos y cinco femeninos, algunos de los cuales pudieran estar inspirados en monedas o medallas romanas.

En esta época era habitual la representación de hombres famosos y sus paradigmas femeninos tratados en la literatura como símbolos de la fama, la virtud o el triunfo. Las representaciones que vemos en los tondos presentan analogía con las existentes en la fachada de las Escribanías de Baeza, por lo que probablemente obedezcan a una misma fuente. Se identifican, entre otros, a Minerva, Josué o Gedeón, Octavio, Marco Marcial y Lucrecia. Estos personajes, más que mostrarnos un programa renacentista coherente, están próximos a los ideales caballerescos de la gloria y el honor, asociados al culto de los héroes, en el que se confunden elementos medievales y renacentistas, mezclándose héroes y semidioses con sabios de la antigüedad o con los nueve caballeros de la fama.

Las gárgolas, cuyo aspecto monstruoso ha sido interpretado desde la Edad Media como símbolo de irracionalidad, de vicio frente a la virtud, coinciden en su vértice superior con los tondos. Estos estarían en correspondencia con las virtudes. La Justicia, en el lado más próximo a la puerta de entrada, está representada por los personajes de Marco Marcial y Gedeón: el primero, uno de los más prestigiosos jurisconsultos del mundo clásico y el segundo, muestra de la justicia sagrada al ser un juez bíblico. La Templanza estaría en el lado izquierdo, reflejada por un busto con la concha santiaguista y una figura femenina con clásica coraza. La Fortaleza, en el derecho, queda representada por dos figuras femeninas, una de ellas alegoría de esta virtud, pues lleva el atributo de torre o fortaleza. La Prudencia aparece figurada a través de dos clásicos medallones en el lado frontal, uno femenino, Minerva, y otro masculino togado, que podría ser Octavio.